Home / Blog / La belleza del cambio mínimo

  • Dra. Mónica Feldman
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Es muy frecuente que las  personas que vivimos en una sociedad estructurada y crítica, no tengamos intención de  mostrar cambios abruptos en el rostro que evidencien ser resultado de tratamientos estéticos –aún cuando queden maravillosamente bien-  muchas veces hombres y mujeres de hábitos normales, rutinas sociales y laborales dentro de la media, sin exposición artística ni requerimientos de perfección obsesivos, prefieren cambios sutiles… progresivos… pequeños pero notorios para uno mismo…lo que me gusta llamar la belleza del cambio mínimo.

Los demás podrán opinar: “viniste de vacaciones” o “te cambiaste el peinado”, o “te ves relajado” (o relajada)…pero no saben de que se trata realmente la intervención estética que está detrás de ese cambio. No es una transformación, es un proceso de refrescar y embellecer los rasgos propios. Por ejemplo: lograr desfruncir el entrecejo marcado da expresión más liberada  y despreocupada ( uno se ve y se siente menos ” fruncido”) suavizar las arrugas de los párpados y elevar un par de milímetros  las cejas caídas refresca una mirada cansada; levantar las comisuras bucales que apuntan hacia abajo, evita transmitir angustia, enojo o tristeza; las líneas de marioneta o bulldog se pueden contrarrestar para evitar el gesto adusto o contraído de desaprobación o dureza.

Las bandas verticales del cuello que parecen formar un cuello de pavo pueden relajarse y mostrar  un cuello liso. Son las expresiones constantes realizadas miles de veces en la vida diaria que van traccionando los músculos de la mímica facial y dan una impronta negativa o rígida que no queremos transmitir.

Esta contracción de la piel ocurre en sitios de expresión constante porque la piel se marca en sitios dónde a nadie le gusta que se marque y el tejido subyacente se repliega y forma un surco de tantas veces haber gesticulado en el mismo lugar, dando lugar a expresiones faciales que no resultan agradables por estar fruncidas y tensas –y no hay maquillaje que lo disimule. El ácido hialurónico y la toxina botulínica en puntos selectivos se pueden ir programando para evitar esas zonas de tracción, repliegue y surcos y determinar un escenario más fresco para lo gestual.

“Progresivos cambios favorables estimulan la autoimagen positiva de uno mismo y enseñan el camino…Hacen sentirse bien.”

No es fácil decidir un cambio. A veces es el temor, a veces la situación económica, el “qué dirán”, los propios prejuicios por resultados inestéticos en personajes  del ambiente artístico. La parálisis de no hacer nada tampoco sirve porque uno se ve mal y no haciendo nada no se verá mejor.

Progresivos cambios favorables estimulan la autoimagen  positiva de uno mismo y enseñan el camino… hacen sentirse bien. Como una buena acción. Casi nadie se transforma de golpe en caritativo ni cambia su personalidad de la noche a la mañana, entonces por qué habría que cambiar la cara de la noche a la mañana?

Me gusta ver la satisfacción de a poco…acomodar las expresiones adustas y fruncidas de a poco…que los músculos se adapten a no traccionar la piel y marcarla tanto y que la piel se acomode tranquila, respetando su tiempo.

Esa es la belleza del cambio mínimo. Que no por ir de a poco es poco.

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